El campamento Stillwater fue el lugar donde muchos vivieron su primer amor, sus primeros besos e incluso sus primeras veces en ámbitos más personales. Pero por extrañas circunstancias fue cerrado para, años después, volver a abrir… pero ese ambiente cálido y agradable se ve truncado por extraños ruidos, sucesos y… ¡seres de ultratumba! Lo que parecía ser un tranquilo campamento de verano se convierte en la pesadilla de un grupo de adolescente y unos fantasmas con bastante mala leche.
Lo que empieza siendo una apuesta entre compañeros de piso y una venganza estúpida se convierte en una historia de amor donde Tyler poco a poco va cerrando sus heridas y reconciliándose con su pasado y presente gracias a Ally… pero no todo es bueno y más cuando la relación empieza con mentiras.
Shun (Aiba Masaki) es un chico centrado en sus estudios, Bon (Jun Matsumoto) amante de la cocina que quiere cumplir su sueño de ser cocinero, Chu (Sho Sakurai) miembro de una banda de gamberros que se mete en líos cada dos por tres, Takuma (Kazunari Ninomiya) un chico muy espabilado que siempre logra conseguir lo que se propone y Haru (Ohno Satoshi) un chico muy tímido y pocas luces. A simple vista estas cinco personas no tienen nada que ver unos con otros, sus personalidades son muy distintas como para tener un nexo de unión. Pero lo tienen y muy grande porque son amigos de toda la vida (a excepción de Takuma).
Lo que a simple vista parece una historia sin sentido donde nos quieren contar la vida de estas cinco personas se vuelve una historia llena de carga emocional y deseos de encontrar su propio camino en el mundo. ¿Lograran cumplir encontrar su sueño?
¿Alguna vez os habéis imaginado cómo era Japón a finales de los años 70? Entonces no hace falta que imaginéis más, porque esta historia nos cuenta la vida de Takumi (Kokubun Taichi), un joven muy perdido en su vida que no tiene más futuro que pasarse el día haciendo el vago y vivir al día. Hasta que todo cambió cuando en su camino se cruzó Tokio (Sho Sakurai), un joven un tanto impertinente, con mucho carácter y que, para rematar la ecuación, dice venir del futuro.
Lo que en un principio parecía un encuentro casual con un tipo un tanto chalado se va convirtiendo en realidades ya que Tokio muestra que es capaz de “predecir el futuro” de Takumi… ¿es clarividente o realmente llega del futuro? ¿Y esa extraña máquina que lleva Tokio todo el día arriba y abajo? Lo que en un principio parece una perfecta historia de ciencia ficción termina siendo un drama donde, sin darnos cuenta, nos enseña el valor de la vida y lo importante que es vivirla con las personas que realmente queremos.
Makino Tsukushi (Inoue Mao), una chica que se codea con los hijos de la elite japonesa. Rodeada de personas llena de lujos a los que choferes les lleva y les recoge del instituto… ¡y ella es una chica pobre! Gracias al duro trabajo de sus padres puede estudiar en el Eitoku Gakuen. Rodeada de lujos, ella aborrece a los niños ricos por eso su único deseo es sobrevivir esos años de instituto de la forma más discreta y tranquila posible.
Pero en ese instituto existe un problema más grande que la superficialidad de todos y eso es el grupo F4, el cual es un grupo de cuatro chicos, los mismos que son hijos de las personas más ricas de Japón. Ellos son los que manejan todo el cotarro y su líder, Domyoji (Matsumoto Jun), es un tipo con muy malas pulgas. Con tan solo enviar una tarjeta roja está dando vía libre a todo el colegio a que hagan bullying a una persona.
Y si, como era de esperar, Makino se cruza en la vida del F4 (o el F4 en la vida de Makino) y lo que era un deseo de pasar desapercibida en ese colegio se convierte en una de las experiencias más duras al recibir el bullying de todo el mundo… pero ya dicen que del amor al odio hay un solo paso.




